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EDUCAR PARA LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Fecha:25-sep-2009

Juan Fernández Sierra
Facultad de Ciencias de la Educación
Departamento de Didáctica y Organización E.

25sep2009_juan_fernandez_i


Excelentísimo Sr. Presidente de la Junta de Andalucía,
Magnífico Sr. Rector de la Universidad de Almería,
Excelentísimas e Ilustrísimas autoridades,
Doctoras y doctores, señoras y señores, estimados/as
colegas, con su venia

 

Hace 14 años llegué a este campus con la ilusión de aportar mi grano de arena a la tarea de desarrollar esta naciente universidad que al mismo tiempo tenía una trayectoria propia, principalmente en los estudios de educación a los que me incorporé. Valga esta lección que hoy me honro pronunciar de agradecido homenaje a la comunidad universitaria y especialmente a los compañeros y compañeras que confiaron en mí para formar parte de su equipo docente e investigador.

 

EDUCAR PARA LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Tres décadas atrás, el sociólogo americano Daniel Bell (1976) -en su obra El advenimiento de la sociedad postindustrial- describía el cambio económico que comenzaba a darse desde una economía industrial a una postindustrial en la que irían ganando importancia los servicios, las ideas y el conocimiento. Afirmaba que la educación aumentaría rápidamente y hablaba de una “sociedad del conocimiento de masas” con grandes cifras de personas en la educación universitaria.
En la España de entonces (curso 75-76, en que Alianza Editorial publicó dicha obra), agonizaba la dictadura, y contábamos con unos 360.000 estudiantes universitarios (la gran mayoría hombres). Sólo el optimismo antropológico de una generación entre utópica e ilusa, podía imaginar que aquello iba a tener algo que ver con nosotros. Hoy, abriendo el curso 2009-10, nos vamos acercando a la cifra de dos millones de estudiantes universitarios (con ligera proporción a favor de las mujeres).
Evidentemente, el concepto de Sociedad del Conocimiento que actualmente manejamos ha evolucionado mucho, y penetra en todos los aspectos de la vida económica, política, social y cultural mundiales.
He elegido el tema "Educar para la sociedad del conocimiento", por su actualidad y, sobre todo, porque quiero transmitir dos ideas:
La primordial es que estamos en un proceso de construcción incipiente, indeterminado, imaginativo, bastante impredecible pero “no predestinado”, así pues las dimensiones, enfoques, características y formas que vaya tomando esa Sociedad del Conocimiento serán las que seamos capaces de conferirle.
La segunda, resaltar que la puesta en escena que se ha ido desarrollando y experimentando globalmente los últimos años, en mi opinión, tiene mas sombras que luces, por lo que se hace imprescindible su estudio riguroso como modo de aprendizaje para su re-construcción futura y de nuestro futuro.
Análisis que me propongo sintetizar, desde mi visión de educador y pedagogo, sin aparcar mi condición de ciudadano.
El discurso político hegemónico de las últimas décadas ha sido el neoliberal; ideología que defiende que las leyes del mercado habrían de regir el funcionamiento de toda organización y actuación social; que las regulaciones y todo tipo de protecciones garantizadas por el Estado del Bienestar son intrínsecamente negativas para la economía, y que la gestión privada es eficiente mientras que la pública es desastrosa; por lo que los servicios públicos deberían ser cedidos al sector privado.
La educación es considerada un factor esencial en ese diseño, por lo que se prepara al sistema educativo (en todos sus niveles) para que juegue un papel de subsistema del sistema económico, asignándosele una función clasificatoria de los grupos sociales en cada país y de los países dentro del mundo globalizado.
Como consecuencia de este poder y pensamiento hegemónico, las políticas educativas de estas últimas décadas han asumido, en general, ese empaque de la ideología neoliberal, que ha logrado impregnar en gran parte también al pensamiento socialdemócrata tradicional europeo y de la izquierda en general.
Esto ha dado como resultado que la preocupación y esfuerzos educativos hayan ido sobre todo dirigidos a los beneficios económicos de la educación, olvidando en parte su papel humanizante y de recreación personal, de justicia social e igualdad.
Desde esta perspectiva, más que de educación para la sociedad del conocimiento, lo que hemos experimentado han sido propuestas educativas de producción de conocimiento para el mercado o, como algunos autores la designan, una educación para la economía del conocimiento.

 

1.- EDUCACIÓN PARA LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO

¿Cuáles han sido y son las orientaciones, rasgos y principios pedagógicos que caracterizan esta forma de entender y enfocar la política, la teoría y las prácticas educativas?
Lo primero que se ha hecho ha sido adoptar una serie de expresiones prestadas del mundo empresarial, que más que nuevas formas de explicación o innovaciones, suponen un intento de readaptación de lo que los pedagogos llamamos el curriculum vocacional-neoclásico, como son:

 

A.- Se camuflan las políticas educativas bajo el discurso de la Calidad

El marketing que caracteriza las representaciones políticas postmodernas ha promovido que los programas políticos sobre educación se encubran bajo el seudónimo de calidad.
Con ello se ha conseguido adormecer el debate sustantivo sobre educación -¿quién no va a querer una educación de calidad?-. Se evita aclarar qué se entiende por calidad y cuestionar los intereses diferentes que conllevan las diversas políticas y prácticas educativas.
Pero además, se ha posibilitado el control de la educación por el poder, al cosificar la calidad y medirla en función de la ideología de mercado. De esa manera se da la impresión de que las instituciones educativas gozan de autonomía, mientras se elaboran controles “periféricos” de diversa índole que limitan la posibilidad de crítica y de creatividad de la acción docente.

B.- Se equipara relevancia del aprendizaje con valor de mercado

Los discursos economicistas sobre educación transmiten la idea de que nada vale la pena estudiarse si no tiene una aplicación directa en el trabajo futuro. La educación se considera simplemente una inversión masiva en la prosperidad del país que puede dar sus frutos en forma de incremento de la productividad de la fuerza laboral. Estos discursos han ido evolucionando globalmente hacia el “consumismo educativo”, que proclama que los individuos deben de adquirir “o comprar” su preparación profesional entre una gama de opciones o “módulos”. El triángulo economicista se afianza al incorporar el concepto de competividad como objetivo y adjetivo de la educación.
Estas concepciones en la Universidad se visualizan en un apoyo sesgado hacia la investigación y el conocimiento como producto técnico de aplicación inmediata, en detrimento de otros saberes sociales, alternativos o críticos, así como en discutibles propuestas pedagógicas y didácticas basadas en concepciones restrictivas y disgregadas de las competencias deseables en los planes para la formación de los estudiantes.
En las Enseñanzas Obligatorias se potencia la organización disciplinar y disciplinaria de la enseñanza y se sobrevaloran los contenidos técnicos. Además, y esto quizás sea lo más grave, se confunden académica y socialmente rendimientos con aprendizajes de los estudiantes.

C.- Se transmuta al aprendiz en cliente

Trasladada esta filosofía al campo de la educación, se hace preciso segmentar los consumidores, como en cualquier mercado. Esto es, decidir qué tipo, cantidad y calidad de formación vamos a proporcionar a cada sector social.
Esa transfiguración del estudiante-ciudadano en cliente-consumidor de servicios educativos, es la estrategia más perversa, pedagógicamente hablando, que ha puesto en marcha el neoliberalismo, pues al tiempo que ataca al sistema público de enseñanza en pos de la privatización, impulsa su degradación a fin de ir consiguiendo una sectorización educativa en la que los estudiantes no sólo reciban distintos niveles de contenidos disciplinares, sino que sean sometidos a pedagogías y didácticas diferentes para inducir distintas competencias y diferentes modos de analizar el mundo y de enfrentarse a él, en razón de las misiones que estarían “predestinados” a cumplir según determinado diseño socioeconómico mundial.

D.- Se suple la pedagogía creativa por el gerencialismo

El gerencialismo se basa en la idea de que la preparación de los individuos llevada a cabo dentro del sistema educativo, puede ser regida y dirigida por aquellos que no están directamente implicados en las prácticas de enseñanza; o sea, sin peso real o significativo de los docentes en la toma de decisiones políticas, pedagógicas o didácticas.
A esta tendencia, en nuestro país, hay que añadirle la tradicional propensión a “la Pedagogía BOE”, esa reminiscencia instalada desde el s. XIX en las organizaciones políticas y religiosas españolas pretendiendo controlar y orientar la educación desde las instancias del poder, prescribiendo las pedagogías y las didácticas a través de normativas legales.
La apuesta más fuerte sobre este asunto que se ha intentado en nuestro país en democracia fue con la llamada Ley de Calidad en 2002.
Esta propensión al dirigismo y control ha desprofesionalizado la función docente, ha empobrecido la teoría y las prácticas pedagógicas y didácticas y, sobre todo, ha trasladado a la sociedad la idea de que la mejora de la educación es cosa de la Administración y de los políticos, en vez de asumirse que es una responsabilidad y tarea social colectiva.

E.- Se rescatan propuestas curriculares obsoletas disfrazadas de planes estratégicos

Un concepto de educación como el indicado, requiere un modelo curricular fácilmente controlable, cómodo y con apariencia aséptica. El curriculum tecnológico que Tyler elaborara en 1947, basado en los avances del conocimiento psicológico conductista y en las teorías organizativas empresariales tayloristas, ofrece esa oportunidad.
Pero este modelo, que supuso un gran avance en su momento, en el último cuarto del siglo pasado, comienza a manifestarse insuficiente para responder educativamente de forma adecuada a la complejidad de los cambios sociales y científicos que se estaban produciendo.
¿Cómo podemos explicar que cuando al final de siglo las teorías empresariales tayloristas han sido ampliamente sustituidas por otros modos de gestión postindustriales, se trate de recuperar -disfrazado de planes estratégicos y con una concepción utilitarista de las competencias- este enfoque curricular ampliamente superado desde el conocimiento científico actual?
Globalmente, la razón es predominantemente ideológica (Recuérdese el debate de si en las escuelas norteamericanas se había de explicar el creacionismo o el darwinismo).
Pero además, en nuestro país, donde este enfoque tiene bastante aceptación en secundaria y en significativos sectores universitarios, ha concurrido otra circunstancia histórica: “nos saltamos la época del currículo tecnológico” -que tuvo su momento álgido entre los 50 y los 70-, con la consiguiente falta de experiencia profesional colectiva del profesorado en dicho paradigma, lo que dificulta su análisis teórico y práctico.
Pedagógicamente, las propuestas del neoliberalismo para la economía del conocimiento no podemos nominarlas como educativas, sino de mero entrenamiento e instrucción. Educar es ayudar a las personas en sus procesos de humanización y socialización para que ésta la realicen con sentido crítico y alcancen cotas de formación o competencia para decidir autónomamente con rigor, capacidad de análisis, criterio propio y base ética, en todos los aspectos de su vida personal y profesional.
En esta línea, educar para la Sociedad del Conocimiento ha de ir mucho más allá de una formación al servicio de la economía del conocimiento.

 

2.- UNA PEDAGOGÍA PARA EDUCAR EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

La Premio Nóbel de Economía Amartya Sen, nos presenta y propone el desarrollo como un proceso de expansión de las libertades humanas. Ella hace hincapié en que: “El desarrollo exige la eliminación de las principales fuentes de privación de libertad: la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales sistemáticas, el abandono en que pueden encontrarse los servicios públicos y la intolerancia o el exceso de intervención de los Estados represivos” (Amartya Sen).
La crisis económica en la que estamos inmersos en estos momentos vuelve a dar la razón a la UNESCO cuando advierte que hay que ir más allá de los análisis economicistas y de mercado e insiste en que la Sociedad del Conocimiento incluye una dimensión de transformación social, cultural, económica, política e institucional.
En esta línea, voy a esbozar algunos de los principios pedagógicos que considero imprescindibles en los planteamientos educativos para la construcción de esa Sociedad del Conocimiento.

A.- Ligar la calidad de la educación a la relevancia de los aprendizajes

Una educación no se puede considerar buena o de calidad sólo porque satisfaga las expectativas de los usuarios o clientes directos o a ciertos sectores sociales, sean económicos o ideológicos. Es irrenunciable que posea calidad intrínseca.
El sistema, las instituciones educativas y el profesorado tienen la obligación social, moral y profesional de trabajar contenidos relevantes y utilizar estrategias didácticas eficaces y motivadoras para estimular el interés, la reconstrucción cognitiva, el crecimiento intelectual, la autonomía responsable, los valores democráticos y la capacitación y creatividad de todos y cada uno de los y las aprendices.
No está la solución, como reclaman algunos sectores inmovilistas, en la vuelta al pasado. Son, por el contrario, el economicismo, el academicismo y las viejas pedagogías eficientistas y disciplinarias que dominan las teorías y prácticas educativas, las que reducen los saberes a aprendizajes memorísticos y algorítmicos, poco útiles, poco relevantes y poco motivadores para los estudiantes de hoy.

B.- Priorizar la educación en/para la Democracia y la ciudadanía global

Una sociedad consciente y madura ha de intentar enseñar a su juventud lo que ella valora. La democracia es el bien más preciado que las sociedades avanzadas poseen.
La Sociedad del Conocimiento no necesita jóvenes que sean únicamente capaces de desarrollar su racionalidad para conseguir el mayor poder posible cuando se integren a la economía de mercado. Lo que se requiere son jóvenes que hayan aprendido a utilizar su mente de forma crítica para así diferenciar entre los poderes que frenan y los que favorecen la creación de un mundo más solidario, más humano y más justo; jóvenes que tengan el carácter moral necesario para participar en esa creación. Como dijera Freire, no se trata de enseñar a las personas sólo a leer la palabra, sino a leer el mundo como ciudadanos.
Pero ser ciudadano/a no implica sólo el cumplimiento de derechos y obligaciones, sino que ante todo conlleva incorporarse a una comunidad en la que se desarrolla la vida y se establecen relaciones y vínculos sociales, culturales, políticos, económicos y personales.
Por ello, cuando pensamos en propuestas pedagógicas para una educación para la democracia y la ciudadanía, estamos hablando de actuar para conseguir inculcar en los estudiantes lo que significa vivir los valores de colaboración, cooperación, tolerancia, confianza, respeto, compromiso y autolimitación de sus derechos en aras del de los otros.
Esto requiere poner en escena complejos procesos de enseñanza/aprendizaje cuyos resultados no son inmediatos, sino que hay que planificarlos con visión de futuro y perspectiva. No es sólo ni primordialmente un asunto de materias o contenidos disciplinares de diferente índole, sino de prácticas de aula y de prácticas institucionales.

C.- Visibilizar el género en las teorías y prácticas pedagógicas

A pesar de la feminización de la función docente, las mujeres que tienen responsabilidades de representación y poder en las instituciones educativas, son muchas menos que los hombres.
Pero pedagógicamente hay un hecho histórico-cultural tan relevante como éste para alcanzar la justicia curricular en cuanto al género: el sesgo patriarcal de los currícula escolares y académicos. Esto hace que las perspectivas de las mujeres se reflejen menos de lo que les corresponde y debieran en la epistemología y en las prácticas educativas de nuestro sistema de enseñanza.
En un mundo en el que el conocimiento ha pasado a ser el eje sobre el que va a pivotar todo el entramado político, social, cultural y económico, esto, además de ser injusto, supone un derroche de la potencialidad socioeducativa de la mitad de los ciudadanos -que son ciudadanas-. Y de lo que ellas pueden aportar al saber pensar, saber actuar, saber ser y saber convivir.
Abordar educativamente esta problemática requiere que se tomen en consideración, al menos, tres cuestiones singulares en el curriculum en acción:
Primero, recoger explícitamente el conocimiento aportado por las mujeres a lo largo de la historia, no sólo el científico, sino también el experiencial y vital.
Segundo, potenciar la coeducación más allá de los sistemas mixtos de escolarización actuales.
Tercero, replantear desde el curriculum la re-construcción de la masculinidad y la feminidad.

D.- Incluir el mestizaje cultural como principio pedagógico

Indiscutiblemente, la Sociedad del Conocimiento se ha de construir sobre el multiculturalismo, o sea, sobre una sociedad y un mundo que contiene gran cantidad de culturas que inciden unas sobre otras en virtud de las interacciones de los seres humanos. Esta variedad cultural y esta posibilidad de intercambio hay que considerarlas un valor humano irrenunciable.
La historia de la Humanidad, en lo biológico y en lo cultural, podríamos decir que es la historia de una construcción mestiza. Andalucía y los andaluces podemos ser un buen campo de experimentación y estudio de esta construcción de nuestra identidad mixta.
La diferencia esencial de este proceso de mestizaje en la actualidad es la emergencia y “rapidez” de los contactos e intercambios. Esta complejidad y precipitación hace que los procesos de relación, tolerancia, y convivencia sean dificultosos y problemáticos. El racismo y la xenofobia están presentes y hemos de combatirlos mediante la educación formal e informal de los ciudadanos y ciudadanas.
Los currícula académicos han de recoger este asunto esencial en todos sus niveles educativos, a través de una educación intercultural que vaya más allá de las manifestaciones formales y penetre pedagógicamente en el análisis y abordaje profundo de estos fenómenos.

E.- Liberar de “corsés” burocráticos la función docente

El profesorado del postmodernismo se encuentra (nos encontramos) encerrado en un triángulo de intereses y contradicciones sociales. Por un lado, se nos presenta como mediadores de las oportunidades que la sociedad del conocimiento puede proporcionar a las personas y a la comunidad; por otro, somos conscientes de las amenazas de exclusión de ciertos sectores e individuos y de nuestra responsabilidad profesional en paliar esos peligros, y al mismo tiempo estamos sometidos a “epidemias” de estandarización, controles y sobrerregulación, que presionan y limitan la capacidad de actuación autónoma y creativa.
Esta compleja problemática se intenta solucionar sometiendo a los profesores y profesoras a planes de formación que les permitan acatar curricula impuestos o prediseñados fuera de sus contextos de trabajo; acudiendo a la retórica profesional para seducirlos y a competitividades internas que les deparan poco éxito y bastante estrés.
Pedir al profesorado que prepare a personas autónomas y creativas con corsés burocráticos o de mercado, es pedir peras al olmo. Si a los y las docentes no se les da la oportunidad, se les estimula y prepara para que ellos sean creativos, arriesgados, puedan vivir y actuar en la perplejidad, y se comprometan y responsabilicen pedagógicamente con los procesos educativos en todos los niveles de decisión y acción, difícilmente van a poder educar a los estudiantes en estas dimensiones, que son las que exige la sociedad del conocimiento.

F.­ Construir un marco curricular para la sociedad del conocimiento

Afirma Touraine (2005:77) que la crisis de la educación se debe al envejecimiento de la pedagogía. Comparto esa afirmación, aunque sea políticamente poco correcto dicho por el Decano de Ciencias de la Educación.
Los sistemas educativos se pensaron y diseñaron en la modernidad para trasladar a las generaciones sucesivas los saberes científicos, artísticos, culturales, éticos y estéticos que se consideran más preciados en una época y contexto determinados. A la Pedagogía le corresponde re-conceptualizar y elaborar un artefacto científico y cultural que solucione esta traslación sistematizada a los jóvenes de la postmodernidad (del s. XXI).
Es preciso diseñar curricula a la medida del modelo de sociedad del conocimiento que nos propongamos construir; “Curricula para el Pensamiento Complejo”, que en mi opinión necesita, para comenzar, dos renovaciones radicales:
La primera, revisar los criterios de selección de los contenidos. Interrelacionando significatividades múltiples, no excluyentes, como son:
** Su actualización científica. Los contenidos han de responder a conocimientos científicos renovados, libres de prejuicios, al mismo tiempo que sometidos a crítica y reconstrucción personal.
** Su potencialidad económica. El coste de la materia prima más trabajo físico de un automóvil -prototipo de la era industrial- supone el 60%; el de un ordenador -prototipo postindustrial- el 2%. La importancia económica del conocimiento y de la inteligencia humana queda fuera de duda. Pero esto no puede ser el único factor o elemento de análisis y decisión.
** Su valor medioambiental y para la sostenibilidad. La calidad de la educación es inseparable de la calidad de vida de los seres humanos.
** Su trascendencia democrática, y de justicia y cohesión social. Ni un planeta enfermo ni una sociedad injusta y descohesionada, producen felicidad a sus miembros.
** Sus posibilidades didácticas. Además de lo anterior, hay que tomar en consideración su viabilidad para trabajar, interesar, motivar y provocar aprendizajes significativos y relevantes en cada estudiante, atendiendo a sus peculiaridades personales, sociales y culturales.

El segundo cambio que ha de darse es una re-estructuración pedagógica del currículum.
Es urgente la superación de la organización disciplinar de los contenidos, para presentarlos a los estudiantes en torno a cuestiones, temas o problemas candentes y relevantes en la sociedad actual, a fin de que a ellos les sean útiles para la explicación, comprensión y participación en la sociedad del conocimiento; y al mismo tiempo, se les pueda motivar poniendo en escena didácticas holísticas activas.

Para finalizar, decir que una educación de calidad para la Sociedad del Conocimiento, sólo puede garantizarla un sistema educativo público de calidad, fuerte y socialmente participado -cosa con la que en los últimos años están coincidiendo cada vez más estudiosos y expertos internacionales de todas las tendencias políticas-. Porque solamente desde un buen sistema público puede garantizarse la pluralidad ideológica, pedagógica, metodológica, étnica, lingüística, sexual y cultural, y sobre todo, la convivencia y experiencia vital acompañada de los niños, niñas y jóvenes de diferente procedencia, clase social, religión, raza o cultura.
Un sistema educativo que sea como el mundo real en el que viven y van a vivir nuestros alumnos y alumnas: diverso, multicultural, problemático, cambiante, imprevisible…, en continuo proceso de mestizaje intelectual, cultural y biológico.

Muchas gracias

 

 

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Actualizado por: Gabinete de Comunicación

Fecha: 25 de septiembre de 2009

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